Saltar al contenido
Portada » Blog Experiencia Esotérica » Carta 5 – Tomar en serio al símbolo

Carta 5 – Tomar en serio al símbolo

En las cartas anteriores fuimos abriendo una idea que no siempre resulta cómoda:
que el símbolo no está para ser entendido, sino para ser trabajado.

Y sin embargo, paradójicamente, hay algo que suele aparecer cuando uno empieza a acercarse a este tipo de lenguaje: una especie de distancia.

Como si el símbolo fuera fascinante… pero en el fondo, ajeno.
Algo que se mira, se estudia, se comenta pero algo que no termina de involucrarnos del todo. Y ahí es donde, muchas veces, se pierde lo esencial.

Porque trabajar con símbolos no es acumular interpretaciones. Como quien piensa que el Tarot se aprende al saber qué significa cada arcano. Entrar en lenguaje simbólico es otra cosa.

Es aceptar que esa imagen —esa carta, ese mito, ese sueño—
tiene algo que ver con uno, aunque no sepamos exactamente qué; y sostener eso el tiempo suficiente como para que empiece a desplegarse, para que aparezca de alguna forma.

Hay una escena bastante conocida en la historia del pensamiento:
alguien que, en lugar de descartar sus imágenes internas como fantasías sin valor, decide quedarse ahí.

Mirarlas.
Dibujarlas.
Escribirlas.
Volver una y otra vez sobre lo mismo.

No para controlarlas, sino para entender qué estaban haciendo en su vida.

No hace falta ponerle nombre a eso. Pero sí reconocer que ahí hay una decisión: tomarse en serio al símbolo. No como algo externo, sino como parte de un proceso. Y eso cambia completamente la relación.

Porque en ese punto, el símbolo deja de ser un objeto de estudio y empieza a funcionar como una herramienta. No en el sentido de “usar algo para lograr un resultado”, sino en el sentido más incómodo: como algo que te obliga a detenerte, a mirar distinto, a sostener preguntas que no se resuelven rápido.

No es eficiente.
No es inmediato.
No encaja bien en una lógica de resultados. Pero es profundamente transformador.

Y quizás por eso resulta tan tentador volver a formas más livianas. Interpretaciones rápidas. Lecturas cerradas. Rituales que tranquilizan y que se reparten como recetas de cocina.

Todo eso ordena.
Pero también clausura.

Trabajar con símbolos, en serio, implica aceptar lo contrario:
que algo quede abierto. Que una imagen siga actuando aunque no la entendamos del todo. Que una pregunta siga incomodando un poco más de lo que nos gustaría. Y, en ese movimiento, algo empieza a reordenarse. No porque lo forcemos. Sino porque dejamos de interrumpirlo todo el tiempo.

Quizás entonces no se trate de aprender más sobre símbolos.

Sino de animarse a algo bastante más simple y bastante más difícil:

¿qué pasaría si empezaras a tomarte en serio las imágenes que aparecen en tu propia experiencia?

María Eugenia
(o, si preferís imaginarlo así, un Conejo Blanco)

Si este tipo de trabajo te resuena y querés profundizarlo en un espacio uno a uno, podés escribirme.