
Hay números que usamos.
Y hay números que parecen usarnos a nosotros.
El siete pertenece a esa segunda clase.
Aparece cuando dividimos el tiempo en días. Cuando contamos los colores del arcoíris. Cuando imaginamos los cielos. Cuando hablamos de los pecados, de las virtudes, de las notas musicales o de las maravillas del mundo.
¿Casualidad? Tal vez.
¿O la repetición persistente de un símbolo que lleva miles de años acompañando a la humanidad?
Hoy es 7/7.
Quizás sea un buen momento para volver a hacerse esa pregunta.











