Dicen que las *siete Hathor* nombraban siete destinos posibles.
Jung diría: esos destinos viven adentro.
Siete yoes. Siete voces. Siete caminos que se abren con cada elección.
El problema no es tener muchos personajes internos…
el problema es cuando **uno solo** toma el control
y nos olvidamos del resto.
Porque ahí se pierde la danza.
La trama.
La posibilidad.
Y entonces aparecen dos figuras antiguas dentro nuestro:
la que crea y la que guarda,
la que expande y la que protege.
La **Emperatriz** y la **Papisa**.
Antagonistas. Complementarias.
Dos modos de ser. Dos ritmos del alma.
Y quizá el verdadero trabajo sea éste:
no elegir una…
sino saber **cuándo** dejar que cada una hable.











