Este año acompañé el 7º Congreso de Tarot de Argentina, en Mar del Plata, con una ponencia sobre el misterio del número 7 frente a más de 700 personas.
Fue una experiencia luminosa, de esas en las que el #símbolo parece respirarse en el aire y uno comprende que el conocimiento se vuelve verdadero solo cuando es compartido.
Gracias de corazón a la organización del @congresotarotargentina por el enorme trabajo que hay detrás de un evento así, y muy especialmente a la familia Valíani que abre su núcleo, integra a todos y logra, año tras año, que todo fluya con una armonía admirable. No es fácil sostener algo tan grande con tanta calidez, y sin embargo lo logran.
Y gracias también a cada persona que se acercó al final a compartir sus palabras, su emoción y su feedback. Escuchar que la ponencia los tocó o los inspiró de algún modo fue el cierre más bello que podía imaginar.
Les dejo acá un pedacito de la ponencia, esperando que en algún momento podamos compartir el video que se grabó en vivo.
“Antes de que existieran los templos y las palabras, existió el miedo.
El miedo al trueno, a la oscuridad, al cielo que no se detenía jamás.
Y fue ese miedo —no el saber— el que nos hizo levantar los ojos.
Mirar el cielo fue nuestro primer acto de fe.
Ahí descubrimos que el caos tenía ritmo.
Que el fuego se repetía.
Que la luna crecía y moría en una danza que siempre regresaba.
Entonces empezamos a contar.
Cada ciclo, cada día, cada sombra.
Contar fue imitar al cielo.
La aritmética nació como un conjuro:
si logramos reproducir el orden de los dioses, quizás no tengamos que temerles.
La música, la medida, el calendario… todo fue un intento de mimesis sagrada.
Y en esa repetición de los ritmos divinos, apareció un número que no se dejaba atrapar:
un número que se deslizaba entre los mundos, que vibraba como un secreto.
Desde entonces nos acompaña en cada paso de la historia.
Como un eco, una insistencia del cosmos.
Una cifra que parece decirnos -desde el principio-
que el número nos precede,
y que su misterio nos llama antes de que aprendamos siquiera a nombrarlo.”
(Dado el copyright de este texto, para su cita o uso contactarme.)















